Potencial Peligro de Biberones, Chupetes, Tetillas, Botellas y otros Productos de Uso Masivo


La grave enfermedad sufrida por un perro pastor que enfermó a consecuencia de los estrógenos liberados por un hueso de goma de la marca Friskies ha propiciado una iniciativa judicial sin precedentes. Y es que el bufete Oria, Peña, Pajares & Asociados ha demandado por tal motivo a la empresa Nestlé -como propietaria de la marca y distribuidora- y a El Corte Inglés -como empresa comercializadora- solicitando a los tribunales que cese la comercialización de todos los productos que contengan estradiol -más exactamente 17-beta-estradiol, una de las principales hormonas estrogénicas- y bisfenol A, sustancia química recientemente prohibida en Francia y Dinamarca pero que en muchos otros países –incluida España- está presente en los plásticos de ¡biberones, chupetes, tetillas, botellas y otros muchos productos de uso habitual.


Cada vez más estudios e investigaciones indican que el bisfenol A -sustancia presentes en numerosos productos de plástico como biberones, chupetes, tetillas o botellas de agua y refrescos, entre otros- es peligrosa para la salud por tratarse de un disruptor capaz de alterar el sistema endocrino e interferir con los sistemas hormonales de animales y humanos. Recordemos que se llama sistema endocrino u hormonal al conjunto de tejidos y glándulas encargadas de segregar las hormonas -adrenalina, noradrenalina, insulina, glucagón, melatonina, estrógenos, progesterona, testosterona, etc.- que establecen una especie de red de intercomunicación celular ocupada de controlar la intensidad de las funciones químicas de las células, regular el transporte de sustancias a través de las membranas celulares y, sobre todo, lograr la homeostasis o equilibrio del organismo. Obviamente se trata pues de un sistema muy complejo y cualquier alteración del mismo puede desembocar en problemas patológicos a corto, medio o largo plazo.


Pues bien, hoy se sabe que el bisfenol A (lea en nuestra web- www.dsalud.com- el reportaje que con el título El enorme peligro de algunos envases de plástico publicamos en el nº 112 de la revista) interrumpe algunas de las funciones hormonales dando lugar a patologías muy diversas entre las que se incluyen la obesidad, la diabetes, distintas disfunciones tiroideas, problemas reproductivos y de conducta... y cáncer. Y eso es precisamente lo que ha motivado la demanda presentada por el bufete Oria, Peña, Pajares & Asociados contra dos empresas del renombre de El Corte Inglés -como distribuidora- y de Nestlé -como propietaria de la marca y distribuidora del producto- en un caso de carácter emblemático porque la razón es el envenenamiento de un perro -Pavel se llama- cuya salud resultó gravemente dañada según denuncian al ingerir un trozo de un juguete para mascotas en forma de hueso de la marca Friskies.


Evidentemente el caso es extrapolable a los seres humanos porque como bien explica Román Oria, abogado de la propietaria del animal, “el problema que en realidad se suscita con este caso es la amplia comercialización de plásticos que contienen estrógenos o bisfenol A ya que se utilizan incluso en la fabricación de chupetes, tetinas de biberones, biberones, botellas de agua y refrescos... Es decir, su uso afecta directamente a los humanos y muy particularmente a los niños. De ahí que hayamos ya pedido en la demanda de este caso, aun tratándose de un perro, la retirada del mercado de todos los productos que contengan estrógenos o bisfenol A sean de uso animal o humano. De hecho vamos a presentar en los tribunales algunas muestras analizadas en laboratorio que revelan el alto contenido de estradiol en productos como chupetes, tetinas o biberones. Y probablemente tengamos que ir más allá y analizar los plásticos de las botellas de agua mineral porque todo indica la existencia en ellas de esos componentes nocivos para la salud”.


LA HISTORIA DE PAVEL


El que ya se conoce como Caso Pavel tiene pues como protagonista a un perro pastor alemán de cuatro años y tal nombre. Un buen día el animal comenzó a dar síntomas de estar gravemente enfermo y en pocos días su piel apareció engrosada, ennegrecida y desprovista de pelo. A pesar de ser un perro joven -dos años en el momento de los hechos que han dado lugar a la denuncia- presentaba la apariencia de un animal muy viejo, sin actividad, con canas y muy delgado a pesar de comer bien. Ninguna de las pruebas realizadas en principio por los veterinarios sirvió para encontrar respuestas y el animal siguió empeorando. En mayo del 2009, en un intento de buscar lo aparentemente imposible, se buscaron por primera vez hormonas femeninas. Y, luego por agotar todas las posibilidades, se buscó un tumor en los testículos. El resultado de las pruebas analíticas fue espectacular. Mientras que en condiciones normales de salud los niveles máximos en el organismo no deben superan los 20 pg/ml de 17-beta-estradiol el perro tenía 780 pg/ml en forma de 17-beta-estradiol.


Hablamos de una hormona sexual femenina del grupo de los estrógenos que se sintetiza principalmente en los ovarios -participa en el desarrollo sexual- y en menor cantidad en las glándulas suprarrenales y en la placenta. Y sólo en condiciones patológicas en los testículos.

Cabe añadir que el estradiol, además de un impacto crítico en el funcionamiento sexual y reproductivo, afecta también a otros órganos, incluidos los huesos. De hecho es el más potente de los estrógenos que se producen de forma natural.


Pues bien, detectada la hormona se infirió que al ser macho la causa sólo podía estar en los testículos por lo que el perro fue castrado para intentar atajar el problema. Sin embargo la cirugía sólo sirvió para demostrar que los testículos... no eran la causa. Porque algún tiempo después se constató que los niveles de 17-beta-estradiol seguían siendo altos en su organismo. Los veterinarios, extrañados, se plantearon entonces una rara alternativa como posible causa: que el perro tuviera un ovario. Así que se le volvió a operar, se le abrió y se buscó. Pero no apareció ningún ovario. Ni tampoco resto de tejido anormal alguno. En cambio se encontró en el estómago ¡un trozo de plástico! Luego se constataría que procedente de un hueso de la conocida marca Friskies. Todo indicaba pues que el perro se lo había tragado mientras jugaba. Las veterinarias se limitaron por ello a extraerlo y lo guardaron. Sin más.


Pero resulta que a los pocos días observaron que la goma desteñía y olía mal. Y los dueños del perro quisieron que se analizara aquel trozo de plástico. Un proceso que resultaría arduo porque primero hubo que encontrar un laboratorio que pudiera disolver el plástico para que luego otro pudiera buscar en él hormonas. En todo caso se logró y el resultado final fue tan concluyente como sorprendente: en las dos muestras seleccionadas aparecía estrógeno puro en forma de 17-beta-estradiol. Los veterinarios no albergaron ya dudas: el daño causado a Pavel se lo habían provocado los estrógenos -concretamente el 17-beta- estradiol- que contenía el hueso de plástico de Friskies. Y explicaron a los dueños que muy posiblemente el animal no se recuperara nunca del todo porque la carga de estradiol que había soportado era excesiva.


Pues bien, tal es el origen de la demanda contra El Corte Inglés -lugar donde se adquirió el hueso de plástico- y la multinacional Nestlé, importadora y dueña de la marca.

Cabe añadir que las sospechas del impacto del bisfenol A y los estrógenos en el comportamiento de los animales no son nuevas pero nunca hasta ahora habían sido tan evidentes. “Hace unas semanas un comisionado de la Comunidad Europea –nos diría Coral Mateo, la veterinaria que atendió a Pavel- me pidió que le mandara este caso para presentarlo en Nueva York ante la FDA. Según me contó las focas del Atlántico Norte tienen problemas reproductivos desde hace años que se han agravado este último. Y también en las aves hay serios cambios: varias especies europeas tienen serios conflictos para procrear.


En unos nidos hay dos machos aburridos que no saben qué hacer y en otros hembras con un montón de huevos -el doble para ser exactos- que apenas tienen sitio para ellas. Y perras que no aceptan al macho y machos a los que no les interesan las hembras. Y los peces no sufren mejor suerte. Los ríos europeos están ya tan contaminados con estrógenos que se están provocando hasta cambios de sexo en los peces. El planeta está ‘estrogenizado’”.


EL BISFENOL A


¿Y qué es el bisfenol A (BFA)? Pues un compuesto orgánico que forma parte de los plásticos de policarbonato utilizados por la industria en muchos productos, entre ellos envases de comidas y bebidas. Por ejemplo en las botellas de agua y refrescos, en los biberones, en los chupetes y tetinas o en el revestimiento interior de las latas. Pero también en los discos compactos, en los equipos de seguridad resistentes a los impactos y en numerosos productos sanitarios.

De las siete clases de plásticos utilizados a nivel industrial es la número 7 la que incluye los plásticos con presencia de bisfenol A y resinas epoxi elaboradas a partir del bisfenol A. Y además de en los productos ya mencionados se puede encontrar en el interior de las tapas de las botellas, en algunas vajillas, en las tuberías de abastecimiento de agua, en selladores y compuestos dentales...



Hoy se sabe que cualquiera puede contaminarse a través del aire, el polvo y el agua pero es el bisfenol A de los alimentos y bebidas la mayor fuente de exposición. El bisfenol A, según numerosos investigadores, puede filtrarse a los alimentos desde los recipientes de alimentos, botellas de agua y biberones o bien desde otros productos de consumo como las vajillas de policarbonato. Y también desde los revestimientos internos de protección de resina epoxi de los alimentos enlatados. El grado en que el bisfenol A se filtra depende más de la temperatura a que se ha sometido el líquido, la botella o el envase que de su propia edad.


Por eso su peligrosidad se asocia al uso continuo del microondas para calentar biberones, esterilizar chupetes y tetinas o calentar todo tipo de recipientes. En todo caso su presencia puede ser igualmente consecuencia indirecta del deterioro de los plásticos de policarbonato como consecuencia de las altas temperaturas del lugar o de la que padecen cuando se meten en los lavavajillas.


Lo vergonzoso es que el bisfenol A se ha convertido en un producto químico discutido sólo en los últimos años a pesar de que ya en 1936 -mucho antes de que se utilizara para sintetizar plásticos de policarbonato y resinas a principios los años 50- se demostró que estimulaba el sistema reproductivo de las ratas hembras y, por tanto, podía ser considerado un estrógeno ambiental.


Piénsese que la molécula de bisfenol A actúa como un xenoestrógeno (estrógenos xeno= extraño), un compuesto químico no natural que imita el efecto de los estrógenos; es decir, es un suplantador de hormonas que tiene la capacidad de mimetizar la acción de los estrógenos actuando sobre sus receptores como falsos mensajeros pudiendo dar lugar a desarreglos hormonales, endometriosis, alteración del proceso de la reproducción y disminución de la capacidad reproductiva en el hombre además de poder provocar cáncer. Y lo peor es que son difíciles de eliminar y tienen efecto acumulativo en los organismos vivos.


Inicialmente el Bisfenol A fue considerado un estrógeno “débil” al tener menor afinidad por los receptores de estrógenos alfa pero investigaciones más recientes han demostrado que es igual de potente que el estradiol a la hora de activar respuestas a través de receptores de estrógeno asociados a la membrana celular.


Y que el asunto es ciertamente preocupante lo demuestra que el bisfenol A se ha llegado a detectar ya a niveles biológicamente activos en la orina del 93% de los estadounidenses y en la última década se han hecho ya más de 130 estudios que lo vinculan con muy diversas patologías. Basta citar para refrendarlo algunas de las referencias consideradas más importantes en el ámbito científico.


En el 2007, por ejemplo, un grupo de 38 investigadores independientes financiados por los Institutos Nacionales de la Salud estadounidenses concluyó que hay suficientes evidencias como para pensar que la exposición al bisfenol A puede derivar en cáncer. Siendo cinco las grandes preocupaciones señaladas por ese panel de 38 expertos:


1) La filtración de bisfenol A que se produce desde el revestimiento de resina de las latas de metal y de los envases de plástico de alimentos y bebidas en condiciones normales de uso (también se detecta ya en muestras de agua y el aire).


2) Los niveles de bisfenol A que no se metabolizan y permanecen biológicamente activos son ya detectables en la sangre y tejidos -en personas de diferentes países- a niveles superiores a los que presentan los animales expuestos a las dosis máximas de referencia de la Agencia de Protección Medioambiental estadounidense.


3) El bisfenol A da una amplia gama de efectos adversos -incluso a dosis inferiores a las sugeridas por seguras por la ya mencionada Agencia de Protección Medioambiental- tanto en los animales terrestres como acuáticos.


4) Los resultados obtenidos en estudios in vitro indican que como consecuencia de los niveles de bisfenol A no metabolizados existe un claro potencial de interrupción de las funciones normales en las células, en la sangre y en los tejidos.


5) Está demostrado que incluso a dosis muy bajas el bisfenol A puede ser cancerígeno o aumentar la susceptibilidad al cáncer, al menos en los animales.


“La amplia gama de efectos adversos a bajas dosis del bisfenol Aen animales de laboratorio expuestos a él tanto durante su desarrollo como en la edad adulta -diría en sus Conclusiones el panel de expertos- es un gran motivo de preocupación con respecto a la posibilidad de efectos adversos similares en seres humanos. Recientes tendencias en enfermedades humanas parecen relacionarse con los efectos adversos observados en animales de experimentación expuestos a dosis bajas de bisfenol A. Ejemplos específicos son el aumento del cáncer de próstata y mama, anomalías urogenitales en bebés varones, disminución de la calidad del semen en los hombres, inicio temprano de la pubertad en las niñas, trastornos metabólicos como resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y obesidad o problemas neuroconductuales como Déficit de Atención con Hiperactividad. Hay amplias pruebas de que los resultados pueden no ser evidentes hasta mucho después de la exposición al bisfenol A durante las primeras etapas del desarrollo”.


ESTUDIOS Y MÁS ESTUDIOS... PERO POCAS PROHIBICIONES


El 3 de septiembre de 2008 el National Toxicology Program publicó un informe en el que se mostraba una "cierta preocupación" ante la posibilidad de que los actuales niveles de exposición al bisfenol A de fetos, bebés y niños puedan provocar cambios en el desarrollo tanto de su próstata como de su cerebro disminuyendo las conductas de dimorfismo sexual. En la escala utilizada por ese organismo "cierta preocupación" representa el punto medio de una escala de cinco niveles de preocupación que van de "insignificante" a "grave". Un nivel inferior -"preocupación mínima"- se expresó también sobre posibles cambios en el desarrollo de las mamas y en la aparición de la pubertad a una edad demasiado temprana.

Las evidencias, en suma, crecen y crecen. Y cada vez son más los investigadores críticos con la postura oficial. Ángel Nadal, por ejemplo, coordinador de la Unidad de Fisiología Celular y Nutrición del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández y reconocido experto en Química y trastornos endocrinos, ha publicado recientemente un estudio titulado El bisfenol A altera el páncreas endocrino y la homeostasis de la glucosa en sangre en el International Journal of Andrology.


“Lo que hemos probado –explica en él Nadal- es que el bisfenol A altera la función del páncreas endocrino e induce resistencia a la insulina en ratones y eso aumenta el riesgo de padecer diabetes tipo II sobrevenida,