Lenguaje Comunicación y Terapia Neural


El lenguaje es el medio idóneo que utilizan las personas para poder comunicarse, sin embargo muchas veces, tratados técnicos o adelantos de la ciencia están muy mal escritos porque sus autores, indiscutibles eminencias en su profesión, no saben comunicar sus tesoros conceptuales.


Es muy conveniente tomar conciencia de las diferencias existentes

entre la medicina científica y el verdadero arte de curar…

el conocimiento en general se puede aprender,

el segundo aspecto, en cambio, sólo puede adquirirse

a través de la propia experiencia y del propio razonamiento,

y va madurando con lentitud.”


H. G. Gadamer


Si tenemos en cuenta que la comunicación es la base de una relación entre dos personas, es perfectamente válido que nosotros como médicos aprendamos y comprendamos lo importante que es comunicarnos de una manera adecuada con nuestro paciente.


La formación que los médicos recibimos en la universidad está encaminada a estudiar las enfermedades de manera objetiva y sucede que cuanto más técnicos son nuestros conocimientos mayor es la separación entre la enfermedad y el enfermo.


Al encontrarnos con el paciente, muchas veces no nos preguntamos quién es esta persona sino qué tiene este enfermo; interrogamos al paciente mas no conversamos con él. Nuestra formación  médica no nos ha preparado para encontrar al ser humano en el paciente.


Como médicos dirigimos nuestras acciones al diagnóstico de la enfermedad reduciendo a la persona a un simple cuerpo humano enfermo. Se lo palpa, ausculta, se piden estudios de laboratorio. En consecuencia, la relación que establece el médico no es con el paciente como persona, sino con su enfermedad.


Y en esta relación esquizofrenifome el médico usa su lenguaje para imponer, pronosticar, y hasta sepultar al paciente. Cuántas veces hemos pronunciado frases como; “la diabetes no tiene cura”, “ el cáncer es incurable”, o “está haciendo frío, te vas a enfermar”, y al hacerlo, no somos conscientes del efecto que provocamos.


Nosotros, que nos llamamos “médicos alternativos” o “no convencionales” cometemos los mismos errores, probablemente con las mismas buenas intenciones que nuestros colegas. La única diferencia es que lo hacemos con una aguja de terapia neural, un glóbulo homeopático, un péndulo, etc.


Mi propuesta con este trabajo es que seamos “médicos alópatas” o “no convencionales”, que re consideremos nuestra manera de hablar, de expresarnos frente al paciente y nuestra actitud al escuchar, para que no volvamos  a oír de nuestros pacientes, frases como

“ No es lo que me dicen lo que me duele, sino el cómo me lo dice”


¿Qué es entonces eso de la comunicación?


Lenguaje y comunicación van de la mano, el uno depende del otro. La comunicación es un círculo: lo que hacemos influye en otras personas y viceversa. Cada uno es responsable de su parte del círculo. Si uno ha influido en otras personas, la única opción es ser consciente y responsable de los efectos que se producen en el acto de la comunicación.


Asimismo, la comunicación no se refiere a enviar información en una sola dirección. Si la comunicación es una conducta, comunicar es un intercambio de conductas. En una forma más amplia, es el sistema de actividades, que mantiene, regula, y hace posible una relación humana” (Scneflen, 1970)


Cuando me comunico con una persona reacciono con mis pensamientos y sentimientos. Mi conducta en ese momento se genera luego de las repuestas internas acerca de lo que vea, oiga y sienta.  Nos comunicamos mediante palabras, gestos, tonos de voz, expresiones, solo por mencionar algunas formas. Es imposible no comunicar. Incluso se generan mensajes cuando no se dice nada y se mantiene quieto.


El lenguaje corporal y el tono de la voz marcan una enorme diferencia en el impacto y el significado de lo que decimos. Muchas veces, no es tanto lo que decimos sino cómo lo decimos lo que marca la diferencia.


Vivimos en una cultura que cree que la mayor parte de nuestras acciones las realizamos conscientemente y, sin embargo, la mayor parte de éstas las hacemos de forma inconsciente. Investigaciones demuestran que en una presentación, el 55% del impacto viene determinado por el lenguaje corporal – posturas, gestos y contacto visual -, el 38 % por el tono de voz, y tan solo el 7% por el contenido de la presentación.


Un comunicador eficiente debe actuar según el siguiente principio: “El significado de la comunicación es la respuesta que usted obtiene”.  La comunicación tiene su punto de inicio en nuestros sentidos, las puertas de la percepción son los ojos, oídos, boca y piel y son éstos nuestros puntos de contacto con el mundo.


Utilizamos nuestros sentidos externamente para percibir el mundo, e interiormente para “representarnos” la experiencia a nosotros mismos creando “mapas perceptuales”, es decir, nuestra propia idea del mundo. El cerebro, en consecuencia es un centro de mapas o de representaciones de la realidad perceptible actual, y también del pasado y el futuro. La manera como recogemos, almacenamos y codificamos la información en nuestra mente –ver, oír, sentir, gustar y oler- se conoce con el nombre de sistemas representativos.


Todo lo que veo es una representación de los que mis ojos pueden detectar. Deben haber en esta sala otros tipos de radiación electromagnética, pero de una longitud de onda que no excita mi retina. No son una diferencia que hagan una diferencia en mi, lo cual no es lo mismo que decir que No existen.


La retina tiene sensibilidad únicamente para longitudes de ondas, que van del violeta al rojo. Ese es nuestro espectro visible, y es una proporción muy reducida de toda la gana de longitudes de onda de las radiaciones de tipo electromagnético.


Lo mismo ocurre con los demás sentidos, cada uno es un detector de diferencias, de  algunas diferencias, las que aquellos detectan y pueden aceptar. Este ya es un gran prejuicio puesto que seguramente hay otras diferencias que como no las captamos, no las tomamos en cuenta y no alteran los mapas que nos hacemos de la realidad.


De modo que, si tememos cinco sentidos, debemos tener en la mente cinco sistemas que fabrican los mapas propios de las distinciones de cada sentido. Es decir, cinco sistemas  representadores de la realidad.


El mundo que percibimos no es el mundo real, es un mapa hecho por nuestra neurología. Aquello en lo que nos fijemos será nuevamente filtrado por nuestras convicciones, intereses o preocupaciones Y cuando hacemos esto, usamos las palabras para describir nuestros pensamientos, por lo que nuestra elección de palabras indicará qué sistemas representativos  empleamos.


Estas palabras de base sensorial, -adjetivos, verbos, y adverbios-, se llaman, predicados. El uso habitual de un tipo de predicado indicará el sistema representativo favorito de una persona. El descubrir el sistema  representativo preferencial que usa la persona, será la base para establecer una adecuada comunicación, es decir que al hacerlo logramos hablar el mismo lenguaje de la persona.


El lenguaje natural es un modo de hacernos mapas hablados de nuestras representaciones, por lo tanto, es una forma de meta - representación o una representación de lo que ya es una representación.


Es tiempo de que la gente interesada en fenómenos médicos, sicológicos y psiquiátricos, tome en cuenta su modo de expresarse. Batenson, pionero en el campo de la lingüística, dice que: Al dar a la lingüística una base teórica. simultáneamente se ha creado una herramienta terapéutica”.


Los mapas son selectivos, dejan de lado información al mismo tiempo que nos la brindan, y son de un valor incalculable para explorar el mundo interior de cada persona. El tipo de mapa que cada uno haga dependerá de lo que vea y dónde quiera llegar. Hacemos caso a aquellos aspectos del mundo que nos interesa e ignoramos otros. Los filtros que ponemos en nuestras percepciones determinan en qué clase de mundo vivimos.


Un proverbio árabe señala que: “Lo que puede significar un trozo de pan dependerá de que tengas hambre o no”.


Al tener filtros propios de lo que para cada uno de nosotros va representando el mundo, podemos afirmar que el desorden de uno, puede ser el orden del otro, dependiendo de los conocimientos que posea la persona acerca de los detalles de la aparente confusión.

La percepción está tamizada por quien percibe. Es éste el que selecciona los datos de ese trozo de la realidad y con ello construye un mapa o una representación de esa realidad. Al igual que uno jamás ve una naranja entera (no puede verse ambos lados a la vez), tampoco se ve toda la realidad, siempre habrá manchas. La naranja entera está en el ojo del espectador únicamente. Sea cual fuere nuestra creencia filosófica, la naranja no está dentro de nuestro cráneo o en la mente, hay solo una representación de ella.


Entonces, resulta que todo lo que percibo del mundo, no son más que representaciones o modelos, pero no son el mundo. Tal vez es difícil poner en palabras algunas cosas como éstas porque precisamente las palabras, son un modo de representar realidades y fenómenos y no son la realidad o el fenómeno, son solo una apariencia.


Resumiremos esta parte diciendo que no era el mundo el culpable de los padecimientos y sufrimientos de las personas, sino el cómo las personas se representan su mundo.


¿Y dónde se quedó el lenguaje?


¿Es que tenemos tanta familiaridad con el lenguaje que procedemos como los peces, que jamás se preguntan qué es el agua?


Francisco Huneeus C.


El aspecto semántico o de significado de las palabras es un área compleja. Hay formas diversas de nombrar una misma cosa, como también que hay una misma palabra que denota, marca o distingue cosas diversas.


En su libro “La estructura de la magia” Bandler y Grinder, pioneros en Programación Neurolinguitica (PNL), escriben sobre el lenguaje:


Los humanos utilizamos el lenguaje de dos formas.


1.    En primer lugar lo usamos para representar el mundo, actividad que denominamos: razonar, pensar, fantasear, ensayar. Al emplear el lenguaje, como sistema representacional, estamos creando un modelo de nuestra experiencia. Este modelo que creamos del mundo mediante el uso representacional del lenguaje, está basado en las percepciones que tenemos el mundo.


2.    En segundo lugar, utilizamos el lenguaje para comunicarnos unos a otros nuestras representaciones del mundo. Cuando empleamos nuestra lengua para comunicarnos, lo denominamos: hablar, discutir, escribir, conferenciar, etc. Al usar el lenguaje para comunicarnos, estamos presentándole a otros, nuestro propio modelo del mundo.

Así es como con el lenguaje podemos hablar acerca del lenguaje, con lenguaje podemos hablar de sensaciones, emociones, abstracciones, cosas del pasado, presente y futuro, podemos hablar poéticamente, esquizofrénicamente, ansiosamente, hipocondríacamente, hablar literalmente, metafóricamente, embroma y en serio.


Podemos hipnotizar pueblos enteros, hacer terapia, leyes, constituciones, dar nombre e identidad a continentes. El lenguaje es un “ espejo de la mente”, cualquier progreso que se haga para un mejor entendimiento de éste, nos aproximará a una teoría del conocimiento, del inconsciente humano y a un mejor entendimiento de la naturaleza de la mente.

Frente a nuestros pacientes, no es el mundo real el que más nos interesa sino su mundo interior. Nos interesa entender su versión del mundo para así poder entender, de qué manera está empobrecida y limitada. Nuestra acción está en primer lugar destinada a organizar y enriquecer las representaciones que tienen del mundo. Esto debido a que en parte, los mapas son más “arreglables”, que el mundo real de allá afuera.


Tal como dicen Bandler y Grinder:  “La paradoja más extensiva a la condición humana que nosotros vemos es que los mismos procesos que nos habilitan para manipular símbolos, es decir, para crear modelos, y que nos permiten sobrevivir, crecer, cambiar y disfrutar, nos permiten también mantener un modelo empobrecido del mundo. De modo que los mismos procesos que nos permiten realizar las más extraordinarias y peculiares actividades humanas son los que bloquean nuestro crecimiento al cometer el error de confundir el modelo con la realidad”.


A través del lenguaje como se ha ido explicando, hemos ido creando representaciones del mundo y la enfermedad no es sino una representación externa de un mundo interior, es una conducta propia.


De los cientos de miles de conductas posible, unas pocas, e incluso una, es la aceptada en un determinado contexto, ¿quién decreta qué es lo aceptable, lo sano, lo adecuado, en una determinada situación?. ¿y quién decreta qué es lo no aceptable, lo mal educado, lo enfermo, lo inadecuado, lo anormal en otra?


¿...Y eso cómo nos afecta?


Ellerbroek hace una importante contribución al plantear que “ Nosotros como seres humanos, durante mucho tiempo hemos tenido la tendencia a creer que el nombre que le damos a una cosa es el nombre adecuado y correcto. A pesar de que en la superficie esto aparece como una conducta relativamente inofensiva, no lo es, ya que tiene a producir un cierre y una conclusión. Por ejemplo, nosotros lo médicos tenemos predilección por usar sustantivos para denominar diversas enfermedades como por ejemplo: epilepsia, sarampión, tumores cerebrales, y debido a que estas condiciones “merecen” sustantivos como nombres, obviamente para nosotros son cosas. Ustedes podrá encontrar divertido un ejercicio semántico para alterar el sarampión, mediante el simple expediente de cambiar aquellas partes del discurso. Si usted toma uno de estos sustantivos _ sarampión_ y lo convierte en un verbo, entonces dirá: “Señora Pérez, parece que su niño está sarampeonando”, lo cual le abre su mente y la de ella al concepto de enfermedad como un proceso…..


Para salir de este aprieto aclaremos que la enfermedad es un proceso. Es algo que transcurre, evoluciona, ocurre por algo, e incluso me atrevería a decir que ocurre para algo. Lo que vemos desde afuera son ciertas señales o distinciones que los médicos llamamos síntomas. Y estas señales, como otras (la risa, la cara de preocupación) son para nosotros conductas, como lo es portarse de una u otra forma. De ahí que al darle con el lenguaje la categoría de “cosa” sustantiva a la enfermedad, la estamos circunscribiendo innecesariamente. Le estamos dando un corte un tanto especial al asunto, ya que como “cosa” tiene sus atributos particulares y propios. Como se vería en jerga médica, su propia etiología, semiología, pronóstico, terapéutica, evolución y epicrisis.


Si se puede decir que con el lenguaje creamos y mantenemos realidades, me atrevería a señalar que vamos creando “enfermedades”.


Ellerbroek decía:


”Cada emoción desagradable está asociada, ya sea a un pensamiento verbal o no verbal, o a una afirmación verbal que es contraria a la realidad percibida por la persona que está experimentando”.


Las emociones no surgen aisladamente sino que van apareadas o acopladas al pensamiento, y éstos por lo general poseen un importante componente verbal. Como ya lo hemos planteado, es difícil concebir el pensamiento aislado del lenguaje.


Y en lo fisiológico no prestan beneficios, mas bien todo lo contrario, son siempre dañinas. Sube la presión, aumentan los ácido grasos libres, disminuye la velocidad de cicatrización, aumenta el colesterol, etc.. Todas éstas son acciones destinadas a servir un objetivo en el mundo. Al quedarse “atrapadas” en el organismo, se tornan contrarias a la sobrevivencia a largo plazo.


El mismo autor señala también que  “En todo caso, éstas reacciones emocionales “negativas” determinadas específicamente por las palabras y conductas asociadas, son dañinas al organismo. De alguna manera y en cierta medida, estas reacciones están asociadas o son seguidas por alteraciones innecesarias de varios órganos y sistemas, que luego requieren de corrección mediante los mecanismos apropiados. La suma de tales alteraciones, particularmente cuando exceden ciertos límites, puede agotar los recursos correctivos, con la aparición consiguiente de los estados denominados enfermedad”.


Como ya se ha insinuado es posible que las llamadas “actitudes básicas” no estén tanto en las estructuras particulares del cerebro, sino que en el modo cómo se organizan lingüísticamente los eventos dentro de la psique.


Por eso es que una adecuación del lenguaje, en conjunto con otros tipos de tratamiento de tipo conductual son una vía más expedita y eficaz hacia la corrección de actitudes nocivas

Ellerbroek concluye su trabajo diciendo:


“Mi propia idea es que una enfermedad está determinada por todos los eventos específicos sicolinguísticos y conductuales en la historia de vida de un paciente, incluyendo su interacción total con este campo, por dentro y por fuera. Habrá aquellos que dirán que tal explicación no explica nada. Sin embargo, a mi me parece como la única explicación racional de la conducta humana, incluyendo la “enfermedad” y que – debido a que tanto las posturas (actitudes), las voces, las conductas, las palabras y los pensamientos son todas variables modificables- no hay tal cosa como una enfermedad intratable”.


El cuerpo y la mente están intercomunicados, por lo que los pensamientos influyen inmediatamente en la fisiología, y viceversa. El estado de nuestra mente cambia continuamente y es ésta una de las pocas cosas de las que podemos estar seguros. Cuando cambia este estado, todo el mundo cambia también. Normalmente, somos más conscientes de nuestro estado emocional que de la fisiología, posturas, gestos y ritmo respiratoria. De hecho se considera que las emociones se escapan, a menudo, del control consciente; son la pequeña parte visible del iceberg. No podemos ver toda la sicología y el proceso mental que se esconde bajo las emociones y las apoya.


Intentar influir en la emociones sin cambiar este estado es tan inútil como intentar desaparecer un iceberg quitándole la punta, saldrá más a la superficie, a menos que se invierta una cantidad desorbitante de energía para mantenerlo sumergido, y esto es lo que muchas veces hacemos con ayuda de drogas o con nuestra fuerza de voluntad

Podemos influir en nuestros estados, y no simplemente reaccionar frente a lo que pasa a nuestro alrededor.


¿Y la solución?


Tal como lo hemos dicho, el secreto de la buena comunicación no es tanto lo que se dice, sino cómo se dice. Para hacer esto debemos crear sintonía, y hablar en los mismos términos y presentar ideas en la misma forma en que nuestros pacientes piensan sobre ellas.

La sintonía o empatía es esencial para establecer una atmósfera de credibilidad, confianza y participación donde la gente puede responder libremente.


Cuando dos personas están en sintonía, la comunicación parece fluir; tanto sus cuerpos como sus palabras están en armonía. Lo que decimos puede crear o destruir la sintonía. El lenguaje del cuerpo y la tonalidad son más importantes. Usted puede haber notado que las personas que sintonizan tienen a reflejarse y complementarse en las posturas, gestos y contacto visual.

Al igualar y reflejar el lenguaje corporal y la tonalidad, podrá usted ganar rápidamente sintonía con casi cualquiera. Corresponder al contacto visual es una habilidad de intimidad obvia.

Para crear sintonía, únase al baile de la otra persona igualando su lenguaje corporal de forma sensible y respetuosa. Esto crea un puente entre cada uno de nosotros y el modelo del mundo de los demás; igualar no quiere decir imitar, lo cual sería una copia obvia, exagerada e indiscriminada de los movimientos de otra persona, y por lo general se considera ofensivo.

Respirar al unísono es una forma muy poderosa de aumentar la sintonía, la igualdad de tono en la voz es otra de las formas por las que puede mejorar su sintonía. Puede adecuar el tono, velocidad, volumen, y ritmo al hablar.


Se consigue la intimidad apreciando lo que la gente dice; no es necesario que esté de acuerdo con lo que digan. Una buena manera de hacerlo es eliminando la palabra ¨pero¨ de su vocabulario, y reemplácela por “y”. “Pero” puede ser una palabra destructiva. Implica que usted ha escuchado lo que le han dicho , pero… tienen algunas objeciones que rebajan su valor. “Y” es inocente, simplemente añade y amplía lo que se haya dicho antes. Las palabras encierran un gran poder en si mismas.


¿De qué me sirve todo esto?


Si partimos de que la enfermedad es un proceso, que desde un punto de vista sistémico tiene un sinnúmero de factores, sugiero que en vez de llamarle enfermedad se le denomine “algo que la persona hace”, y al hacerlo, tiene que hacerse responsable de su parte en este proceso.

Un cambio podría comenzar con que durante la amanmesis, se interrogue e insista en el “cómo” de los síntomas, y en el “qué”, vale decir, en una descripción sensorial de qué es lo que ocurre y cómo. Así se llega a la naturaleza procesal del síntoma, con lo cual tal vez pueda incluso seguir adelante y revelar su mensaje. El peligro está en explotar el por qué de la enfermedad.

Una de las cosas más lamentables de enfermedades crónicas convencionalmente consideradas como incurables, es precisamente el fatalismo a que conduce la falta de comunicación entre el proceso y la persona. Es posible que un camino hacia la toma de contacto con el proceso sea precisamente el nombrarlo como proceso que es.


Quien sufre un síntoma pugna por eliminarlo. El enfoque consiste en concentrarse en el síntoma y establecer otra relación con él, aparte de la que hay. El supuesto básico es que el síntoma forma parte de la persona y su amputación, si bien es el camino, no es sinónimo de crecimiento y auto apoyo. El lograr por ejemplo que la persona hable de su parte afectada, describiendo como un monólogo, cambia toda la semiología del síntoma y suele tener un efecto inmediato y dramático.


Una manera es que nosotros como médicos y terapeutas, comencemos a preguntarnos: ¿qué es lo que la persona está expulsando de su conciencia para no resolver su problema por si sola? ¿qué es lo que la obliga a seguir pegada y estancada?


Debemos conceptuar a la enfermedad, desde diversos factores, incluidos el lenguaje que usamos, que hemos aprendido, para así crear conocimiento de uno mismo.

Lo que se llama “conocimiento de si mismo”, debe entenderse como una “conciencia participativa” involucra coalición o identificación con el ambiente de uno y habla de una entereza psíquica que hace mucho ha desaparecido de escena.


Poco a poco, rodeados de cosas, nos hemos ido arrinconando en un reducto que llamamos el yo, el ego, el si mismo. Una cosa solitaria que no se asombra con nada, excepto con las cantidades. Incluso va quedando poca capacidad de asombro ante la violencia y la destrucción. Hemos olvidado el encanto de un mundo de relaciones, de un mundo lleno de variedad y de posibilidades, y donde la identidad no es más que el nombre que le damos a las cosas.


Es posible que dada nuestra tendencia generalizadora y transformadora de la realidad en vista de los logros que cada cual puede contabilizar en su propia historia, nos hemos ido poniendo exigentes con la realidad. Queremos un mundo en que todo ocurra en forma controlada y predecible, por que todo lo demás es amenazante y nos acerca al caos.



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