La Terapia Neural Con Anestésicos, Locales y La Infección


Dr. Md Peter Dosch.


Un incidente acaecido hace poco en mi consultorio me motivó para investigar cuan a menudo y por que se suceden infecciones cuando se utiliza Procaína o cualquier otro anestésico local para hacer terapia neural según Huneke. Espero que todos ustedes se beneficien algo con  lo que puede asociar y recopilar.


Una colega de 62 años de edad (todos sabemos que colegas, sus cónyuges, enfermeras y personal paramédico parecen complicarse fácilmente) había hecho a los dos años una poliomielitis. La pierna izquierda estaba fuertemente deformada y desde el comienzo de la parálisis infantil presentaba una aprecia del peroné. Desde hace dos años bursitis prerotuliana izquierda. Desde hace cuatro meses fuertes dolores en la articulación talocrural izquierda, especialmente sobre el maléolo externo; esta fue la causa por la que me consultó. Puesto que los dolores se habían extendido a toda la pierna izquierda le puse en la primera sesión (16 de Enero de este año) una inyección de Procaína al 1% en el plejo ciático, en el nervio fibular, le hice el test a una cicatriz sobre la tibia izquierda y le puse pápulas alrededor de la articulación enferma especialmente sobre el tobillo adolorido.


El área del maleólo externo izquierdo estaba fuertemente engrosada y presentaba todos los síntomas de una inflamación aguda. Con la intención de que pudiera caminar siquiera hasta el auto, la inyecté alrededor de la inflamación en tejido sano y le ordené que se hospitalizara en el hospital de su vecindad. Los médicos allá conceptuaron que mis inyecciones alrededor de la inflación había sido un grave y burdo error. Quiero demostrarles que dicha aseveración no es correcta.


Radiografía de la articulación talocrural del 18 de Enero 1978: “Desplazamiento de los huesos. Talus se encuentra medial junto al calcaneo, este luxado hacia lateral. Articulación de la tibia con el talus de la fíbula con el calcaneo. Lateral de la región del maleolo externo se presenta atravesado un elemento óseo persistente. En base a la anamnesis puede tratarse de una epífisis fibular. Defecto en el talus. Osteoporosis en toda el área”.


Dos días después de le hizo la incisión al flemón. El cultivo de la pus dio estafilococo píogenes aureus. Cuatro semanas después control radiográfico: contorno de la fíbula no resalta; sugiere periostitis. La cintigrafía hecha el mismo día aseguró el diagnóstico de una osteomielitis. Pocas semanas después no pudo ser sostenido este diagnóstico. También en la clínica se pueden equivocar.


Naturalmente que la paciente y todos los médicos tratantes están convencidos de que se trata de una infección debida a una inyección no esterilizada de procaína. Abscesos por inyecciones se suceden en cada clínica de esta tierra. Allá nadie se inmuta si eso pasa; pero si le sucede a un outsider se le mide con otra medida. Yo hubiera podido argumentar. por ejemplo, que es este caso la situación vegetativa de inicio debido a la poliomielitis y a las severas lesiones de la pierna no le permitían reaccionar, cosa que se trataba de una resistencia reducida contra bacterias, etc.


Pero mi experiencia de treinta años con la terapia neural me permite una concepción diferente: una infección después de una inyección de Procaína es algo tan raro y tan extraño que vale la pena echarle cabeza al suceso.


En el año 1936 escribió F. Huneke en su libro “Enfermedad y curación vistos de otra manera” lo siguiente: “la aguja bien afilada no solo duele menos sino que al mismo tiempo es la mejor protección contra la infección. He puesto con seguridad más de 300000 inyecciones y nunca vi un absceso. Una excepción la constituyen las amígdalas; por eso sustituí esta técnica por la más inofensiva en los polos amigdalares”. Hasta aquí Huneke Ahora bien; yo Peter Dosch en treinta años de ejercicio médico profesional neuralterapeutica he puesto más de dos millones de inyecciones. Los dedos de una mano me alcanzan para contar las infecciones que he visto.

Caso 1.- A un viejo asmático que no era muy dado al baño  le puse unas 20 pápulas intracutáneas paravertebrales y paraesternales. Se le formaron 4 pápulas purulentas. Hacia un par de semanas había salido del hospital en donde se le sometió a altas dosis de cortisona y en el momento de la sesión neuralterapéutica se hallaba “controlado” medicamentosamente con altas dosis de corticoesteroides. En aquella época no sabía yo que el peligro de infección bajo dicha medicina era especialmente grande debido al bloqueo que le produce a los sistemas propios de defensa.


Caso 2.- A un paciente le produje dos veces unas estrumitis. Esto era para mi tan increíble que traté de seguirle la pista. Supe que había sido sometido a test de yodo radioactivo y esto puede bloquear el sistema de regulación neurovegetativo de la tiroides. En el libro de texto de la terapia neural se advierte que no se deben aplicar inyecciones en tiroides hasta tanto no hayan transcurrido unas seis semanas después de la cintigrafía.


Caso 3.- Una señora de edad presentó una urticaria alérgica después de una inyección intravenosa de procaína y pápulas paraesternales que se le pusieron para su angina de pecho. Esta alergia actuó como palanca de provocación sobre un viejo campo de interferencia pues de una vieja cicatriz quedaba después de una fractura abierta de la pierna que no había sido inyectada se inflamó en forma aguda. *(Reckeweg de interferencia que estaba mudo hasta entonces se activó; la terapia neural descrita le dio la fuerza de organismo para ello. Su tratamiento con Procaína apagó en fenómeno en segundos las molestas del corazón.


Caso 4.- Una enfermera (!) quedó con molestas en la cicatriz y problemas pectanginosos después de una fractura complicada de la clavícula. Una inyección en el terreno de la cicatriz que aparentemente lucía bien y en la articulación esternoclavicular produjo un absceso. De inmediato ordené examen bacteriológico de la Procaína que estaba utilizando y como era de esperarse resultó estéril. Puesto que mis cánulas son desechables era improbable la vía exógena.


(Aquí no queda otro camino que aceptar de nuevo las tesis homotoxicológicas de Reckeweg = vicariación regresiva). El organismo había recibido tanta fuerza con el tratamiento neuralterapéutico que un estado crónico y latente de inflamación se reavivó. La procaína ayudó con su potencial bioenergético a fusionar de nuevo el proceso infeccioso a fijarlo, a neutralizarlo a eliminarlo y a sellarlo vía autocuración.


Caso 5.- Después de la inyección en una dura cicatriz de amígdalectomía se formó un absceso periamigdalar. Hablé con el colega que la había operado para que si era posible me leyera el protocolo de la cirugía. Allí decía: “operada después de un absceso amigdalar. Durante la operación se visualizaron y erradicaron múltiples y pequeños abscesos “. Uno de ellos posiblemente no fue erradicado y pudo en el más estricto sentido de la autocuración pues la paciente recuperó su salud.


Los últimos tres casos son especialmente didácticos puesto que no vimos en ellos el papel de lesiones iatrogénicas Ferdinand Huneke vivió en sí mismo la reavivación aguda de un proceso inflamatorio latente. Debido a molestias pectaginosas y con el fin de buscar campos de interferencia se hizo aplicar inyecciones test en dientes sospechosos. Al día siguiente apareció en un espacio retromolar (detrás de una muela cordal vital) una severa inflamación detectora de una bolsa profunda. el diente tuvo que ser extraído. Acto seguido le desaparecieron las molestias del corazón. Su comentario escrito fue el siguiente: “Lo que sucedió solo puede interpretarse como el reavivarse de un foco latente. Dicho foco con efectos de campo interferente condujo a las molestias pectanginosas”.


Lo dicho, por lo general, es una reacción deseada y tan bienvenida que el terapeuta neural si es del caso busca producirla con otros métodos de provocación pues muchas veces solo es posible reconocer un campo de interferencia oculto a través de una vicariación regresiva en una reacción inflamatoria. No se trata pues de un caso así de una reacción que hemos metido al cuerpo, sino de la reavivación de una infección que hemos metido al cuerpo, sino de la reavivación de una infección latente y oculta en nuestro cuerpo. Las experiencias de la balneología denominan este suceso desde hace muchos decenios: reacción del baño. La consideran bienvenida pues una vez superada trae consigo mejoría de la enfermedad por la que consulta el enfermo. Con la terapia neural buscamos en fin de fines un suceso similar, solo que con la inyección selectiva y bien colocada se obtienen respuestas de una intensidad bien diferente.


Respecto de la desinfección de la piel.


Que hubiesen dicho los colegas del hospital si hubiesen sabido que no “desinfecté la piel antes de las pápulas aquellas? Antes de inyectar, pero para inyecciones en la piel dejamos a un lado el ritmo de la desinfección. En mi libro de “Enseñanza de la Terapia Neural” III tomo, le dedique un capítulo entero a este tema. La primera vez que vi a Ferdinand Huneke trabajar en su consultorio de Düsseldorf me asusté y hasta llegue a creer que el maestro “se había olvidado” de frotar la piel con alcohol antes de colocar sus múltiples inyecciones. En su libro escrito en 1936 se refirió al tema así: “Desisto de la desinfección del sitio de la entrada de la aguja puesto que a dicha acción en vista de la realidad, solo puede concederse el rango de un acto simbólico. Gracias a mis experiencias casi que creo todo lo contrario; que más de una desinfección irrita, estimula y vuelve más patógenos los bacilos afectados por ella. No es posible convencerse de que la clínica más sofisticada, en cuanto a esterilización se refiere, puede presentarme un récord siquiera parecido al mío, que es de 300000 inyecciones  sin una sola infección. Tampoco se forman abscesos cuando se inyecta bajo el cuero cabelludo. Lo dicho no significa naturalmente que queda fuera de acción la ley de la esterilización y asepsia en el trabajo”.


Nosotros no vemos el peligro en los gérmenes sino en la irritación nerviosa cuya consecuencia es una despolarización celular. Ricker opina que las bacterias por sí mismas no eran capaces de producir enfermedad alguna. Tiene que existir desde antes una alteración en el trofismo tisular controlado por mecanismos nervales; dicha alteración crea el piso fértil y el milieu para la reproducción desenfrenada de las bacterias lo que las vuelve patógenas. Puck ,marcó virus con sustancias radioactivas y comprobó experimentalmente que dichos virus solo pueden prenderse de células y penetrar en ellas si un “cierto reducido potencial bioeléctrico” lo permite. Procaína repolariza las células lesionadas y priva virus y bacterias de su medio apropiado.


Más importante que todos los intentos por explicar estas cosas es el hecho de que a la aplicación de Procaína no aparecen infecciones exógenas. Los innumerables discípulos de Huneke en todo el mundo heredaron también sus experiencias y en muchos millones de inyecciones no vieron infecciones debidas al grave error y pecado de no hacer las cosas como se enseñó en la Clínica universitaria donde el hospitalismo los tiene a todos casi locos.

En el año 1969 publicó T.C. Dann de la Universidad Swansea en el famosos journal inglés de cirugía “Lancet” un trabajo con el que atacó de frente aun viejo dogma: aseguró que no existen comprobaciones experimentales de la terapia que dice que una inyección en capas tisulares profundas lleva bacterias hasta allá. El Ministerio de Salud británico ya no exige que se desinfecte la piel antes de aplicar la vacuna antivariólica. Infecciones después de inyecciones pudiesen achacársele a jeringas, cánulas o soluciones no libres de gérmenes.


Pruebas con los diversos antisépticos muestran que máximo el 80% de las bacterias logran liquidarse. La piel se frota con ellos normalmente unos 25 segundos. Esto de nada sirve pues nunca se logra esterilidad en tan corto tiempo. Dann dio a conocer libre y valerosamente que él y sus colaboradores durante seis años seguidos aplicaron una sola infección. La clínica de Dann hace igual que nosotros una excepción con las inyecciones intraarticulares e intratecales y aquellas en enfermos graves que se hallan bajo altas dosis de corticoesteroides. En estos casos debemos ser cuidadosos. Por lo general bastan dos minutos de limpieza con Clorhexidina y yodo al 1% o 2% en alcohol etílico de alto poder (70-80%).


A los colegas miedosos les recomendamos seguir prendidos de su sacrosanta costumbre de frotar la piel con alcohol o mertiolate antes de la inyección, si es que eso les quita el miedo a actuar. El hecho es que eso no tiene ningún valor. El perito ante el juzgado nada sabe de esta experiencia no de estos trabajos a nivel mundial y recomendaría el Juez castigarnos severamente por nuestra aparente suciedad. Lo que hace la clínica se va convirtiendo para el pobre médico general en ley irrebatible. Si se atreve en su consulta a trabajar distinto a lo que predican los libros y los journal tendrá que penar. Así de estrictas son allí las costumbres.

El mismísimo Kirlian es mucho más tolerante que aquellos colegas que me reprocharon burdas fallas de tipo profesional por haber colocado pápulas alrededor del tobillo inflamado de la mencionada paciente. Este profesor universitario y jefe de tribunal de veredictos clínicos escribe en su libro “Anestesia local y Anestésicos locales” lo siguiente:


“La pregunta de si se debe aplicar anestesia local en un terreno infectado es hoy día muy discutida. Sabemos que clínicas enteras lo aconsejan y lo hacen. En la odontología sería imposible trabajas si la prohibiésemos. A pesar de todo nos parece preferible cuando la infección tiene tomada un área bien circunscrita limitarse a una anestesia conductiva o hacer una anestesia general”.


Eso es lo que vale para la anestesia. Para la terapia neural vale otras leyes. Con anestesia conductiva de la mandíbula no se le puede hacer el test a ningún a ningún diente. Para buscar y encontrar los posibles campos de interferencia hay que ir hasta el periostio de la raíz dentaría. Nosotros también evitamos de ser posible la inyección en un tejido inflamado sino que lo rodeamos con pápulas desde tejido sano.


Sieger escribió: “a veces se presentan exacerbaciones de una amigdalitis que hasta el momento estaba en estado latente y pueden llegar hasta la formación de abscesos. Estos no son más peligrosos que una angina aguda y han de tratarse de igual forma. No debemos temerlas pues muchas veces con llevan un efecto terapéutico adicional en el sentido de una terapia específica de provocación”.


La casa Hoechst en 1906 que la inyección de Novocaína alrededor de un foco inflamado puede curarlo. Forúnculos, carbúnculos abscesos de glándulas sudoríparas, quemaduras etc. fueron tratados exitosamente con Novocaína al 1%; entre más incipientes estaban estos focos más grande el éxito (Laqueur, Moench, Rosentnal, A. Becker). Procesos en plena madurez encontraron una más rápida y más favorable solución: se aceleró la demarcación del tejido necrótico. Los carbúnculos de la nuca mientras curaban perdieron su tormentoso dolor (Stender).


Una inflamación pura de cualquier forma y localización esta en mejores manos si el médico tratante es un neuralterapeuta. El cuerpo tiende a demarcar el foco de enfermedad. Si eliminamos la depolarización con Procaína apoyamos la tendencia autocurativa del cuerpo. Rost y Muschawel demostraron que los anestésicos influenciaron edemas producidos artificialmente en sentido de una inhibición inflamatoria. El efecto inhibitorio de la inflamación era incluso varias veces mayor que el de la butazolidina.


Aspectos Forenses


El medico sumergido en la consulta práctica cuya actividad profesional no se lleva a cabo bajo la coraza protectora de una clínica, flota constantemente en peligro si fracasa en su trabajo de ser “llamado a la justicia” por jueces apoyamos en veredictos de peritos atrasados e ignorantes” (F. Huneke).


Si se llega a una demanda es casi siempre porque los pacientes han sido instigados a ello por los colegas de la clínica que atendió luego el caso. El pobre Juez se encuentra ante la difícil situación de encontrar la verdad entre dos puntos de vista diametralmente opuestos.

La cosa se sale de su competencia y es por ello que se apoyan en sus juicios sobre veredictos preparados por peritos. En procesos contra neuralterapeutas los peritos llamados por el juez son en su mayoría curiosamente neurólogos. Parece que el nombre de Terapia Neural les sugiere que nosotros somos algo así como neurólogos de segunda clase o cosa por el estilo. Con la misma razón pudiéramos alegrar que en un proceso contra un flebólogo quien sufrió un accidente al cauterizar una vena, se debiese llamar como perito a un venenólogo pues su denominación profesional especializada también comienza con la palabra vena; o es por lo menos bastante parecida. Los peritos de quienes se exige un veredicto pocas veces demuestran la grandeza de confesar que no entienden nada del tema.


Acepten el encargo del Juez porque sospechan que pueden prestarle un buen servicio a la medicina de Facultad en su lucha contra los outsiders y que de paso pueden hacerse de nombre y fama. Y puesto que en la medicina se pueden encontrar voces de opinión contrarias a cada tesis, llega el neuralterapéuta que conoce bien la literatura a profetizar cuales publicaciones aparecerán sobre la mesa como argumento de la contraparte.


Digo publicaciones y nada más pues quienes nos juzgan carecen totalmente de experiencias propias. Se trabaja contra nosotros según la triste consigna de que “.... no puede aceptarse lo que no debe aceptarse, simplemente porque no lo permitimos” (Morgenstern). EL mayor peso en la balanza de la justicia lo ponen a menudo la importancia y el título del perito y no el análisis exhaustivo y honesto de los argumentos.


Ferdinand Huneke terminó un trabajo sobre “accidentes y momentos de peligro en la Terapia Neural” con la siguiente frase con la que también termino yo:


“Para protegerse de demandas totalmente injustificadas en mucho más fácil y más cómodo dejarle su enfermedad al pobre enfermo que buscar desesperado su salud. Un médico de verdad sin embargo, actuará solo de acuerdo a su conciencia. Ella su conciencia de médico será el motor que lo empuje una y otra vez al incierto atrevimiento de la curación.


Muchas gracias.


Peter Dosch.



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